Estrategia sectorial para mujeres rurales en el agro 2025-2035 18 A nivel regional, la mayor parte del trabajo agrícola en América Latina y el Caribe es realizado por trabajadores por cuenta propia o trabajadores familiares contribuyentes, modalidades caracterizadas por alta informalidad y vulnerabilidad socioeconómica. En esta situación de desigualdad, las mujeres tienen mayor probabilidad que los hombres de trabajar como familiares contribuyentes, una forma de autoempleo que suele ser no remunerado, donde el poder de decisión y la protección social son limitadas. En la región, el 48 % de las mujeres agricultoras trabajan en esta modalidad, frente al 9 % de los hombres (FAO, 2025a). Esta realidad favorece la exclusión de mujeres rurales de los sistemas oficiales de extensión agraria y programas agrícolas, que suelen estar diseñados para agricultores que cuentan con contratos o reconocimiento formal. Además, en la agricultura y en el sistema agroalimentario en general, las mujeres tienen menor probabilidad de emplearse a tiempo completo, lo que les significa trabajos más irregulares y temporales. En Chile, el 82 % de las mujeres que trabajan en horticultura tienen contratos temporales, comparado con el 42% de los hombres, lo que reduce sus garantías laborales y acceso a beneficios sociales (FAO, 2025a). Esto “es problemático para las mujeres porque la formalidad garantiza vacaciones pagas y otros beneficios de seguridad social (salud, bonos, seguro de desempleo) y compensación por despidos arbitrarios” (CEPAL, 2023b:41). Así mismo, en cuanto al salario en los sistemas agroalimentarios, tanto en actividades agrícolas como en segmentos no agrícolas, las mujeres también enfrentan desventajas salariales ya que predominan en los rubros que generan menores ingresos, lo que incrementa la brecha de género salarial. Estudios en siete países de América Latina, incluyendo Chile, muestran que las mujeres recibieron remuneraciones menores en promedio que los hombres, incluso cuando ocupan la misma posición laboral (OIT, 2012 en FAO, 2025a:26). Asimismo, un análisis regional (FAO, 2025a) evidenció que, en promedio, las mujeres ganaron 82 centavos por cada dólar ganado por los hombres en el empleo asalariado agrícola y 84 centavos en empleos no agrícolas. Estas diferencias salariales se explican en su mayoría por efectos estructurales vinculados a la discriminación.
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